Ayer se celebró la boda entre Charlene y Alberto II de Mónaco por el rito católico, anteriormente lo habían hecho por lo civil y si la sencillez fue la clave del estilo de Charlene en la primera ceremonia, en la segunda también aunque con matices.
Con anterioridad ya se sabía que Armani sería el diseñador del vestido, pero las dudas del diseño se despejaron al verla aparecer, un estilo de vestido moderno, con cuello en forma barco y de blanco riguroso. Un vestido armado, con cuerpo y realizado en seda sobre el que se aplicaron miles de cristales de Swarovski y perlas. El vestido será referencia para generaciones futuras sobre todo por la modernidad del escote. Le acompañaba un ramo de flores blancas en forma de lágrima.
Así mismo, la cola del vestido fue lo más destacado, unos cinco metros de cola sobre los que se posaban otros tres de la gasa del velo. Una diferencia más que notable con respecto a la última boda Real, la de Catalina de Inglaterra, que llevó un cola más reducida.
La novia optó por no llevar joyas ni tiara, como suele ser costumbre en este tipo de bodas, en cambio se recogió el pelo con un moño bajo sobre el que aplicó un adorno de diamantes.
La valoración del vestido y del estilo es positiva por la sencillez y sobriedad del corte combinada con la pomposidad de la cola y el trabajo de las incrustaciones de cristales.
